Saturday, January 07, 2006

MÉTODO DE REDUCCIÓN DE GRASA Y PESO MEDIANTE LA ASOCIACIÓN DE AYUNO Y HOMEOPATÍA.

MÉTODO DE REDUCCIÓN DE GRASA Y PESO MEDIANTE LA ASOCIACIÓN DE AYUNO Y HOMEOPATÍA.

AYUNO, SÍ; DIETA, NO.

Dr. Gabriel Hernán Gebauer.

Médico-cirujano.

Homeópata.

Magíster Artium Fil. Ciencia.

INTRODUCCIÓN

El método de reducción de grasa y peso mediante la Homeopatía que describiremos a continuación, es el producto de muchos años de estudio acerca del tema, de investigación personal en este campo y de experiencia recogida en la interacción con numerosos pacientes.

Hablamos principalmente de reducción de grasa porque la reducción de peso debe seguir a ésta –es decir, ser sólo una consecuencia suya- si pretendemos mejorar realmente la salud y no meramente lograr un resultado limitado como el obtenido por las engañosas (y muchas veces peligrosas) dietas de todo tipo.

Como lo explicaremos con mayor detalle en lo que sigue, la cuantía de la acumulación de grasa abdominal es un indicador de la cantidad total de grasa que puede llegar a impregnar un organismo; o sea, aquella grasa que tanto infiltra órganos nobles como el hígado como reviste la pared interior de los vasos arteriales, especialmente de zonas tan importantes como el corazón o el cerebro, afectando la circulación de la sangre que utiliza dichas vías.

El método de reducción de grasa y peso que presentamos no está destinado únicamente a pacientes con un sobrepeso considerable sino que a todo aquel que vea su abdomen aumentar gradualmente con el paso de los años. El verdadero objetivo de este método es prevenir la Arteriosclerosis y la Diabetes, lo que es perfectamente posible si se hace a tiempo.

GÉNESIS DEL PROBLEMA

La ingestión diaria de carbohidratos –tales como el azúcar, la harina y sus derivados (masas, pan, queques y tortas, etc.), el arroz, las frutas y otros-, proporciona energía al organismo. Pero, por nuestros no muy razonables hábitos dietéticos (abundante en carbohidratos y en grasas saturadas y pobre en fibras), generalmente consumimos más carbohidratos de lo necesario. Si además nuestras vidas son sedentarias, ese consumo excesivo se traducirá en la imposibilidad de utilizarlo y, por tanto, en la necesidad por parte del organismo de acumularlo como reserva. Con el curso de los años este exceso de carbohidratos se convierte en un aumento del tejido graso y del peso corporal.

La hormona responsable de la utilización de los carbohidratos y, más específicamente, de la glucosa por parte de los tejidos del cuerpo, es la insulina. Ahora bien, el consumo excesivo de carbohidratos termina por provocar un cambio patológico de decisiva importancia en la aparición tanto del sobre-engrasamiento como del sobrepeso y, posteriormente, de la Obesidad y de la Diabetes: hablamos de la resistencia a la insulina.

El exceso de carbohidratos determina un estado de embotamiento tisular, o sea, una reducción de la sensibilidad a la acción de la insulina de tejidos tales como el muscular, por ejemplo. Precisamente por “resistencia a la insulina” se entiende esta incapacidad de los tejidos para responder en forma adecuada a esta hormona que ayuda al organismo a utilizar la glucosa para obtener energía. Como consecuencia, el organismo produce menos energía inmediata a partir de la glucosa y, en cambio, acumula energía potencial en forma de grasa para uso posterior.

Además se observa que, a medida que un individuo pasa de un estado saludable al estado de sobre-engrasamiento y de ahí a la Obesidad y luego a la Obesidad con intolerancia a la glucosa –que marca el comienzo de la Diabetes-, la resistencia a la insulina aumenta notablemente. Es decir, el aumento de tejido graso se acompaña de aumento en la resistencia a la insulina, lo cual genera todavía mayor acumulación de grasa. La razón de esto último es que, en respuesta al desarrollo de la resistencia a la insulina, la secreción de esta hormona por parte del páncreas aumenta, fenómeno conocido como “hiperinsulinemia”.

Es decir, en los sujetos que presentan resistencia a la insulina, la producción de insulina está aumentada para compensar ese defecto y, de esta manera, estimular el transporte de glucosa en el músculo y en las células grasas. Sin embargo, la hiperinsulinemia –el exceso de insulina en la sangre- es causa del aumento del tejido graso (pues por acción de la insulina se fabrica más grasa y a la vez se quema menos grasa), o sea, produce sobre-engrasamiento, primero, y sobrepeso y Obesidad después.

Un experimento realizado en EE.UU., en la Escuela de Medicina de Harvard, nos confirma el papel fundamental jugado por la resistencia a la insulina en la génesis del sobre-engrasamiento, el sobrepeso y la Obesidad.

A unos ratones de laboratorio se les eliminó el gen que sintetiza grasa en el tejido adiposo (lipogénesis), que es el mismo gen responsable de la activación de los receptores de insulina, los cuales por tanto permanecieron inactivos, y de esa manera crearon un ratón que come más, pero no engorda –presenta hasta un 75% menos de grasa que los animales normales- y, además, es más longevo. De lo cual se concluye: sin insulina, no hay lipogénesis; mientras que con la presencia de insulina se induce la lipogénesis y se inhibe la lipólisis (destrucción de grasa).

LA HERENCIA DE NUESTROS ANTEPASADOS

Para nuestros antepasados que vivían en las cavernas, una moderada resistencia a la insulina era útil para defenderse de los períodos de ayuno intermitentes que sufrían, pues les permitía ahorrar glucosa acumulando en forma de grasa parte del poco alimento que conseguían.

Vale decir, la resistencia a la insulina evitaba que se consumiera completamente la glucosa como en el caso de los ratones, quedándose así sin combustible a que echar mano cuando no hubiera alimento. Por el contrario, el exceso de glucosa se convertía en grasa quedando como reserva para los momentos de obligado ayuno; reserva sin la cual, indefectiblemente, habrían de morir. Seguramente muchos de ellos, y a pesar de la reserva de tejido graso, igualmente morían cuando el ayuno se mantenía por demasiado tiempo, pero otros sobrevivieron para dar continuidad a la especie.

Mas, si para ellos conseguir carbohidratos, y otros nutrientes, era difícil, para sus descendientes actuales no representa más dificultad que la de acudir a un Supermercado. Hemos pasado de un mundo con escasez de alimentos y nomadismo a un mundo con exceso de calorías y con sedentarismo. Sin embargo, hemos heredado sus mismos genes y, por tanto, lo que para ellos representó una ventaja para su supervivencia, representa para nosotros, sus descendientes actuales, una causa de enfermedad y deterioro.

Entonces, el ahorro de glucosa en forma de tejido graso no sólo no representa ninguna ventaja para el ser humano actual sino que, por el contrario, involucra que la grasa se acumule cada vez más conduciendo al sobre-engrasamiento y luego al sobrepeso y a la Obesidad. Nuestro problema es exactamente el inverso al del ser humano primitivo: si para ellos la cuestión era impedir que su grasa se consumiera y por ende que su peso disminuyera, el nuestro es no acumular grasa para, posteriormente, no subir de peso y terminar finalmente con Diabetes y/o Arteriosclerosis.

Reparemos en que cuando la demanda de insulina aumenta por el empeoramiento de la resistencia a la insulina y, a la vez, las células beta del páncreas (las productoras de insulina) fracasan en incrementar su producción, sobreviene la hiperglicemia persistente, vale decir, la Diabetes (con todo su cortejo de complicaciones).

¿EN QUÉ CONSISTE EL MÉTODO DE REDUCCIÓN DE GRASA Y PESO?

Ahora, ¿en qué consiste el método natural de reducción de grasa y peso mediante la asociación de ayuno y Homeopatía?

Si, como se supone, la resistencia a la insulina es una condición genética heredada de nuestros antepasados, entonces, deberemos recuperar alguna de las condiciones naturales que les permitieron a ellos mantener un peso normal a pesar de la resistencia a la insulina, y para eso recurriremos, no por obligación sino por convicción, al ayuno. El ayuno es una condición natural que nos permite, al igual que acontecía con nuestros antepasados cavernícolas, gastar nuestros actualmente inútiles excesos de grasa.

Este método de reducción de grasa y peso lo hemos calificado de “natural” porque recrea las condiciones en que vivieron nuestros antepasados, cuya herencia llevamos con nosotros. Según la Etimología, la palabra “natural” viene de “Natura” = “Naturaleza”, de “natus” = “nato”, o sea, “nacido”, aquello con lo cual se nace, lo heredado.

Somos, en un sentido biológico, esencialmente iguales al ser humano primitivo, sólo que nuestras condiciones de vida actuales han cambiado dramáticamente –para bien y para mal-. De modo que si bien reaccionamos igual que ellos, tenemos el problema que, a diferencia de ellos, no sabemos cómo manejarnos con nuestra excesiva (pero no necesariamente buena) alimentación. El ayuno representa, entonces, la oportunidad de recuperar una parte de las condiciones naturales de nuestros antepasados.

El método consiste en realizar un ayuno semanal, pero parcial de doce horas de duración. Es decir, a partir del desayuno habitual de todos los días –el cual no debería ser muy tarde, ojalá entre las siete y las nueve horas (digamos a las ocho de la mañana)-, se cuentan doce horas hasta la comida que será a base de proteínas (por ejemplo, algún tipo de carne blanca como pollo, pavo o pescado con verduras), con la cual se pone término al ayuno hacia el final del día.

Entre ambas comidas sólo se puede beber agua pura –que puede ser agua mineral- en la cantidad que cada cual estime conveniente. (El uso durante el día de abundante agua pura ayudará a transformar este ayuno en un poderoso proceso de desintoxicación, si así se desea.) Además, no debe evitarse el esfuerzo físico, el cual será absolutamente normal.

Este ayuno debe ir acompañado de la ingestión cada una hora –a partir de aproximadamente la mitad del período de ayuno, o sea, una hora cercana a la hora habitual de almuerzo- de una fórmula homeopática en gotas, hasta aproximadamente una hora, o media hora, antes de la comida.

Para seguir con el mismo ejemplo, si el desayuno fue a las 8 horas, las gotas se empezarán a tomar desde las 12 horas hasta las 19 horas, para comer a las 20 horas. Más exactamente, el número total de dosis debe ser de ocho veces (en el ejemplo, de 12 a 20 horas van ocho veces). Ahora, si el desayuno fue a las siete y media horas, entonces las gotas se comenzarán a tomar a las 11 horas y hasta las 19 horas (total: ocho veces), o sea, media hora antes de la comida.

El PAPEL DEL MEDICAMENTO HOMEOPÁTICO

El uso de la fórmula homeopática durante el ayuno tiene una doble acción.

En primer lugar, la de eliminar la sensación de hambre fisiológica (ciertamente no puede eliminar la sensación de “hambre sicológica”), por medio de un mecanismo perfectamente natural.

Dado que en la medida del avance del ayuno se produce un estado de hipoglicemia, es decir, disminuye progresivamente la cantidad de glucosa que circula por la sangre, y esto desencadena a nivel cerebral (hipotálamo) la sensación de hambre; la acción homeopática permite restablecer el nivel normal de glucosa al utilizar, en un principio, las reservas de glucógeno del hígado –vía glucagón, la otra hormona producida por el páncreas-.

Así como la disminución del nivel de glucosa en la sangre es causa de la sensación de hambre, su normalización es la causa de que se calme.

En segundo lugar, y más avanzado el ayuno, el medicamento homeopático tiene la capacidad de inducir el restablecimiento del nivel normal de la glicemia a partir de la grasa de reserva, proceso conocido como “neoglucogénesis”, que se explica por la actividad de las hormonas que provocan el efecto inverso a la insulina –la cual está disminuida durante el ayuno, pero mucho más por efecto de la fórmula homeopática-, tales como el cortisol, la hormona de crecimiento, la epinefrina y el propio glucagón pancreático. Entonces, el uso de esta fórmula homeopática durante el ayuno facilita la recuperación de aquella capacidad que les permitía a nuestros antepasados vivir a partir de sus reservas en los días que no conseguían alimento, mediante la disminución de la insulinemia.

Podríamos dividir esquemáticamente la duración total de doce horas del ayuno en dos mitades. En las primeras seis horas, el organismo sobrevive simplemente de sus reservas de glucógeno; en las últimas seis, en cambio, el metabolismo se acelera –se hace similar al metabolismo del adolescente sano- y se desencadena la lipólisis.

Sin el uso de la fórmula homeopática, el efecto del mero ayuno en estas seis últimas horas sería casi despreciable, pero gracias a ella el nivel de insulina desciende a niveles extremadamente bajos con lo cual el proceso de lipólisis se incrementa tan fuertemente como el que tendría lugar en un ayuno más prolongado, pero sin el apoyo de la fórmula.

El fuerte descenso de la insulinemia se acompaña de un aumento correlativo de la gluconeogénesis como consecuencia de la acción de las hormonas anti-insulínicas ya mencionadas (por ejemplo, por el aumento del glucagón). De esa manera, en un lapso relativamente breve (y bastante fácil de soportar) se logra disminuir el nivel de grasa corporal en una medida significativa.

Digamos de paso que la recuperación de esta capacidad involucra una verdadera regeneración funcional de la glándula pancreática, y a la larga también implica una protección de la integridad del tejido pancreático que produce insulina (formado por las células beta). De manera que por medio del ayuno secundado por la fórmula homeopática ya mencionada, es posible no solamente reducir el sobre-engrasamiento y el sobrepeso sino que también mejorar las condiciones que originan la resistencia a la insulina y, por tanto, evitar la Diabetes.

ADVERTENCIAS Y CONSEJOS

Este método no es recomendable para pacientes ya diabéticos, que no soportarían bien el ayuno, ni para mujeres embarazadas, por razones obvias, como asimismo para niños obesos –los cuales podrían beneficiarse sin duda con él, pero a condición de ser controlados por un especialista-.

Todo el resto del mundo puede beneficiarse de su efecto protector pancreático –es una verdadera vacuna contra la Diabetes-, pero en especial aquellos que presentan antecedentes hereditarios diabéticos o que ya presentan rasgos prediabéticos (como una curva de tolerancia a la glucosa alterada), y que están, por tanto, en la frontera de la Diabetes.

Es importante advertir que el método debe mantenerse dentro de límites de moderación, y por eso hemos hablado de un ayuno semanal y no más –salvo que un control médico adecuado lo permita- porque realizar un mayor número de ayunos semanales podría atentar contra nuestro objetivo.

Sabemos que los ácidos grasos generados por la lipólisis (o sea, por la destrucción de grasa) producida durante el ayuno, inducen en buena parte resistencia a la insulina a nivel del músculo esquelético con alteración en la utilización de la glucosa a nivel periférico. Pero nuestro objetivo es precisamente el contrario: disminuir y no aumentar la resistencia a la insulina, ya que con el aumento de la resistencia a la insulina el páncreas es estimulado a producir más insulina. Y a mayor producción de insulina aumenta la lipogénesis y disminuye la lipólisis.

Es decir, la lipólisis debe ser sólo la precisa como para reducir moderadamente el tejido graso, pero sin provocar esta consecuencia indeseable de aumentar la resistencia a la insulina. Si el ayuno se extendiera por más días o se efectuara muy frecuentemente, caeríamos exactamente en ese error.

Es igualmente importante empezar con un ayuno más corto de manera que el organismo vaya acostumbrándose a ellos. Por ejemplo, hacer por primera vez un ayuno de solamente diez horas, para aumentar a doce horas a partir del segundo ayuno. O bien, si no se soporta confortablemente al principio, interrumpirlo aun cuando no hayan pasado más de 6 u 8 horas; ya que ocurre en algunos casos, no muchos, que pacientes prediabéticos no soportan bien el ayuno la primera vez. Luego el tiempo se irá extendiendo progresivamente hasta alcanzar finalmente las doce horas.

Pero hay otra razón igualmente importante para ser moderados: el papel de la leptina, hormona producida por el tejido graso y que se encarga de regular el peso y volumen de nuestro cuerpo. Existe una estrecha correlación entre la leptina, el peso y la grasa corporal. Conjuntamente con suprimir la sensación de hambre, la leptina bloquea la secreción de insulina. Vale decir, ayuda a reducir la grasa corporal.

Sin embargo, se cree que el papel primordial de la leptina estaría en defender cierta cantidad de grasa corporal enviando señales a nivel cerebral sobre la ingesta calórica y la cantidad de energía almacenada como grasa de tal forma que sea suficiente para el metabolismo celular.

En otras palabras, si nuestro cuerpo debería tener normalmente 25% de grasa y nosotros reducimos o aumentamos esa cifra bruscamente, existe un sistema compensatorio para llevarlo de nuevo al equilibrio representado por la cifra anterior, que inmediatamente se pone en marcha.

Si recordamos la lucha por la supervivencia de nuestros antepasados, será fácil entender que este mecanismo biológico constituye la manera como el instinto de conservación se defendía de los episodios de hambruna. Cuando el organismo estaba en riesgo de morir de inanición, esperaba el momento de volver a comer para recuperar, o al menos intentar recuperar, su peso y volumen normales.

Sin embargo, nos encontramos con un fenómeno sumamente curioso. El cerebro reconoce la cantidad de grasa corporal (grasa periférica) con la que el cuerpo ha vivido por un cierto tiempo, cantidad a la cual se ha terminado por adaptar, como la cantidad “normal”de grasa, aunque no lo sea desde el punto de vista médico, aunque en realidad sea sobrepeso u Obesidad. Entonces, “normal” no es para el organismo sinónimo de perfección sino sólo de un estado al cual está acostumbrado.

Y será precisamente esa cantidad de grasa corporal la que el cerebro estará dispuesto a defender a toda costa y no la cantidad que el médico considere como normal. Cuando el organismo sufre hambre, se estresa; pues al cerebro primitivo que persiste en nosotros sólo le interesa la supervivencia. Mientras mayor sea el hambre, tanto en intensidad como en duración, mayor será la angustia mortal que dicho cerebro experimentará en tal caso.

EL PROBLEMA DE LAS DIETAS

Por eso, todo tipo de dietas hipocalóricas capaces en un principio de reducir considerablemente el peso corporal fracasan porque una vez suspendidas desencadenan, por parte del cerebro, una reacción compensatoria que incluso puede ir más allá de su nivel inicial. Si, por ejemplo, se ha bajado 4, 6 u 8 kilos en un mes, prontamente se recuperarán y posiblemente con creces. De ahí que digamos: ayuno, sí; dieta, no.

Nuestro método de reducción de grasa y peso no cae en ese defecto porque se trata de una reducción muy gradual, a la cual el cerebro tiene tiempo de adaptarse. Se evita así una reacción que mantiene y muchas veces agrava el problema inicial, que es el sobre-engrasamiento y el sobrepeso con su falla invisible, pero determinante, cual es la resistencia a la insulina. Es la gradualidad en el descenso del nivel de grasa la que impide la reacción compensatoria por parte del cerebro.

Esta reducción gradual implica que cada baja de peso lograda y que cada volumen de grasa perdida no se recupera; más aún si se acompaña de un control moderado de la dieta durante el resto de la semana. Aunque tal reducción en cada ayuno pueda ser considerada modesta por parte de las personas ansiosas de ir más rápido, su ventaja está en que se produce lenta, pero irreversiblemente un descenso constante hasta alcanzar el peso ideal.

Tengamos presente que tanto el sobre-engrasamiento como el sobrepeso (y por tanto la Obesidad) es una enfermedad crónica que, como tal, requiere de tiempo para curarse.

Por supuesto que todo depende además de las expectativas que se tengan. Si éstas son razonables, podemos contentarnos con una reducción de alrededor de 100 a 125 gramos de grasa por cada ayuno, lo cual se traduce en un medio kilo al mes y en unos seis kilos al año.

Sin embargo, es posible aumentar considerablemente la reducción de grasa corporal utilizando a nuestro favor la ayuda del ejercicio físico.

Recordemos que los músculos constituyen el tejido más extenso del organismo (entre un 30 y un 40% de la masa corporal es músculo), y su movimiento es la principal vía de consumo de glucosa. Entonces, al consumir glucosa el ejercicio tiende a producir hipoglicemia, la cual en este momento sólo puede ser neutralizada con más gluconeogénesis. De nuevo es aquí fundamental el papel de la fórmula homeopática al asegurar que esta normalización del nivel de glicemia se realice efectivamente.

Para ello, entonces, luego de transcurridas más de once horas de ayuno, vale decir, dentro de la última hora de ayuno, se deberán ejecutar algunos minutos (que progresivamente se irán incrementando) de ejercicio aeróbico. ¿Pues de dónde obtendrá su fuente de energía para la realización de este esfuerzo físico extra un organismo que no está recibiendo alimentación por ya tantas horas?

La respuesta es simple: solamente puede obtenerlas de sus reservas de grasa, de aquella grasa que, por ejemplo, abulta su abdomen.

LA ACUMULACIÓN DE GRASA INTRABDOMINAL Y EL RIESGO CARDIOVASCULAR

La grasa de la parte superior del cuerpo (la denominada “adiposidad abdómino-visceral” medida en la cintura a nivel del ombligo) es un riesgo mayor para la salud que la adiposidad de la parte inferior del cuerpo (grasa en muslos y regiones glúteas u “adiposidad femoroglútea”).

La acumulación de grasa intrabdominal es un buen predictor de riesgo cardiovascular, ya que posee características metabólicas diferentes de otros depósitos adiposos: tiene una alta sensibilidad a la movilización de ácidos grasos libres, lo cual redunda en un aumento de la síntesis de VLDL, LDL, glucosa e insulina.

El índice cintura-cadera es una medida antropométrica específica para detectar la acumulación de grasa intrabdominal y se obtiene dividiendo la medida de la cintura por la medida de las caderas. Cuando el índice es mayor que 1 en el hombre y mayor que 0,8 en la mujer, podemos suponer que existe un riesgo cardiovascular importante (ya sea de un infarto al miocardio o ya sea de un accidente vascular encefálico).

Existe una relación con el llamado “síndrome X” (o “Síndrome metabólico”), el cual se diagnostica cuando una persona presenta al menos tres de los siguientes signos: adiposidad abdominal, niveles elevados de triglicéridos, niveles bajos de colesterol HDL (lipoproteína de alta densidad), presión arterial alta y glicemia elevada en ayunas, o bien, resistencia a la insulina.

Es necesario aclarar, sin embargo, que una cosa es el riesgo cardiovascular inminente y otra cosa es el depósito progresivo de grasa en las paredes interiores del sistema cardiovascular que lleva finalmente a la Arteriosclerosis y, como consecuencia inevitable, a la Demencia senil. Tan importante es evitar lo primero como lo segundo y no simplemente esperar tener la suerte de que nada ocurra. Sólo la remoción constante de la grasa que tiende a depositarse en los vasos arteriales puede ser una real profilaxis contra la Arteriosclerosis.

CONCLUSIÓN

En resumen: este sistema terapéutico implica que la reducción de grasa y peso no es un objetivo en sí mismo sino parte de un proceso de recuperación total de la salud. No se trata de reducir de peso por reducir de peso sino de hacerlo mejorando la salud. De ahí que sea recomendable acompañarlo de un tratamiento homeopático capaz de reequilibrar el organismo entero, y dentro del cual el ayuno constituye sólo una parte.

Dicho lo anterior debe resultar claro que este método es más bien un sistema de vida, por lo cual debe ser practicado durante toda la vida y no meramente por un corto tiempo. Está diseñado para compensar una falla de nuestra civilización que da más importancia al placer de comer (y al placer en general) que a comer inteligentemente para mantenerse sano.

Dos de las más graves enfermedades que afectan al ser humano, la Arteriosclerosis y la Diabetes, pueden ser evitadas por todo aquel que tenga la constancia necesaria (y sobre todo la conciencia) de practicar este ayuno complementado con la Homeopatía.

Además, verá reducir el volumen de su abdomen, cosa nada despreciable, y obtendrá todavía más beneficios, algunos conocidos y otros desconocidos por ahora, asociados a la disminución de la acumulación de grasa tóxica en órganos y vasos arteriales de nuestro cuerpo (recordemos que, por ejemplo, el Cáncer es más frecuente en los obesos).